Monday, December 11, 2006

SOLO 2


Al igual que todos...


Al igual que todos, ella tiene en sí algo, algo extraño, inocuo, diametralmente distinto, algo sensual, innegablemente agradable.


Q típico, que cliché es la pose que adopto cuando hablo de lo que siento al verla llegar por las mañanas, cuando percibo su aroma como si de un perro hablásemos. A la vez que extraño mi caso he pensado y que volcadura de sensaciones las que provocadas por su cercanía se gestan en mis mejillas, mis gónadas, mi nariz, por las arterias que surcan mis brazos y el dorso de mis manos. Quizás es ella la inspiración de la que hablaba, solo, la otra noche, cuando sumido en el falso y vacío autismo de la música, pensaba en la apócrifa llegada de aquella dulce Lady Madelaine, con la fantasmagórica mirada descrita por un loco más de esos geniales, de los que citaban derrumbes de casas dispuestas para el desarrollo cataléptico de aquella filial de Usher.
Extraña ella, normal en sí.


Lo sé, sé sin duda que será cuestión de un par de semanas para que la feromóna disminuya y el deseo por ella se detenga, cuestión de unos quince días para que parezca el ser más absurdo, indiferente e inapropiado para este remedo, dos semanas hará y me posaré en otros lares, otros labios, otros ojos e intentaré morder otra nariz.

Solo dos semanas en lo que el señor de la pudredumbre afana su labor y vuela al recuerdo de su pelo llevándolo consigo a quién sabe donde, total ya me había confesado el ansia de miradas nuevas y narices cual belfos hípicos, partes de cabezas equinas dispuestas en el matadero, vertiendo líquidos vitales/post mortem, malolientes vertiendo la vida marrana, vertiéndose al piso, alimentando bacterias en ligeras pulsaciones celulares e imperceptibles al sentido normal, sin embargo una nariz acostumbrada al hedor que anuncia la pudredumbre de belfos colgantes, de hocicos abiertos con emanaciones de movimientos microscópicos a dulces perfumes de madrugadas que en halos de cometas llegan acariciando sus caderas desnudas de miradas pues se ha convertido en parálisis de deseos opacados por cuatrocientas ochenta horas por un día, por una semana, frente a monitores cual fauces bestiales que destilan alientos binarios cual grilletes virtuales de leves y forzados trabajos .

Caderas opacadas, seguidas de halos incoherentes chocantes entre mi vista, mi olfato, mis utopías que en diskettes se pierden, se releen mientras ella entra, pasa, deja dulces miasmas sintéticos, químicos flamables, listos a catalizar mi deseo, deseo que en dos semanas, solo dos, cuestión de un par para que vaya a la fosa y descanse bajo el barro que quedará después de la precipitación inesperada de febrero.
Dos semanas, un hocico, belfos, sangre, miasma , código binario, halos chocantes con miradas.

Pasa una semana, tres días y jueves 2:00 am.
Ella se pudre, el hedor me acongoja, mientras, de su bolso acabo con la última gota de su perfume francés.
Sus belfos ya no sangran, hieden... Sus ojos fijos fuera ya de sus cuencas, descansando al aire, flotando por su nariz.

Dulce mujer, amada en dos semanas:
¡Cuan horrible eres

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